11 ago 2016

De cuando éramos jóvenas y esbeltas

Muchas veces me pregunto cuál es la tecla que se marca en mi cerebro para obligarme a abrir una hoja en blanco y ponerme a escribir. Pueden pasar años sin una sola letra, y puedo llegar a tener tantas letras acumuladas que me pasaría el día escribiendo. Tanto tiempo desde que me conozco y todavía no sé cuál es ese “click” que inicia el despertar.

Hace días (¿meses?) estuve a un “tris” de ponerme. Aniversario del libro naranja, palabras que siguen resonando, blogs olvidados, blogs que continúan… Pero no lo hice. Me conformé con abrir el libro, el firmado por todas aquellas a las que conocí, leer las dedicatorias, abrir al azar alguna página, buscar las fotos de aquellos días, y sonreír. Éramos tan jóvenes… Alguna apenas llegaba a los 20, alguna despertaba en ese momento. Quién me iba a decir entonces que 10 años después pasaría una vez por semana por la puerta del restaurante donde cenamos ese día.

Hace días (¿meses?) leí a la detective, y la recordé sentada en la Fnac, leí a la niña nube, y la recordé volviendo de Madrid con Lambita, a la Editora y recordé su carrito lleno de libros. Recordé las presentaciones, el metro de Barcelona, sus calles, Madrid, el corrillo de blogueras fumando en la puerta del restaurante, Soria, las bombillas… Leí comentarios de las “blogueras antiguas” (como dice Elenita), de esas que me hacían permanecer delante del PC hasta las mil de la mañana leyendo, independientemente de si al día siguiente madrugaba o no. Recordé los “atracones” de blog cuando leía algo que me gustaba y no podía parar hasta que no leía todo. Recordé la casa de mis padres, los posts en mi antigua – antigua empresa, el Messenger, el emoticono del diablillo, los conciertos de Tiza.

Y sin embargo, hace días (¿meses? ¿en serio?) no encontré el momento. Pero lo encuentro ahora.


 


16 ene 2014

Quién fuera Teseo

La vida da muchas vueltas, aunque sus círculos son tan amplios que no te das cuenta de que estás en el punto de siempre hasta que no es demasiado tarde. Tú caminas por lo que te parece algo totalmente nuevo, diferente, sin darte cuenta de que es el mismo puto pasillo de tantas veces… como si los dioses nos metieran en laberintos que no  tuviéramos más remedio que recorrer por toda la eternidad. ¿Dónde se puede comprar el hilo de Ariadna? Yo lo quiero verde esperanza, aunque nunca me gustó demasiado el verde, creo que porque me recuerda la fila de alumnas uniformadas de mi niñez.

A veces tengo tantas cosas que decir que no encuentro las palabras, de ahí mis silencios de meses o años. Mis palabras son muy cabronas, las da por instalarse en la boca del estómago y formar acumulaciones que me impiden respirar y, en contadas ocasiones, hasta comer. Son embolias textuales que me agarrotan. La cura es simple: dosis de monotonía aliñada con coma inducido por series nocturnas. Pero no siempre funciona… cada vez tarda más en funcionar.

Pero otras veces, mis palabras se repiten tanto que se vuelven vergonzosas, pugnan por esconderse, por ocultar su verdadera naturaleza. Mi mente lleva meses llena de palabras repetidas, y ya me aburro hasta yo.

Aburrida, así estoy. Aburrida de mí misma. Aburrida de las cosas que no llegan y los momentos que se esfuman. Aburrida por falta de magia.

Porque yo también necesito la magia para vivir, aunque hay quien llegó a pensar que la magia la fabricaba yo. Yo sólo la admiro, la percibo, la siento y la canalizo… pero para que eso suceda, la magia debe estar. Y últimamente la magia se la llevó el Minotauro.



22 nov 2013

Normalmente

Normalmente no lo pienso. He continuado con mi vida, más o menos. Sigo trabajando, viajando, quedando con gente… con nueva gente incluso.

Normalmente no lo pienso. Pero, a veces, una tontería me trae de golpe un muro de recuerdos. Una foto tonta, sin ningún dato concreto, un parque infantil con columpios… Y, sin quererlo, viajo a todas las veces en las que me llamabas desde ese parque simplemente para oír mi voz. He recordado cuando llovía y te refugiabas bajo un toldo, cuando te acercabas al bar de la esquina a tomar café “conmigo”, o cuando me mandabas fotos de ese mismo parque cubierto de nieve.

Y aunque normalmente no lo pienso… cada uno de esos recuerdos que llegan de ninguna parte, me desangran.



24 oct 2013

Siguen quedando 40 minutos...

Hace 8 años, a esta misma hora, escribía mi cuarto post... Cómo pasa el tiempo, por dios.

Cierro los ojos y recuerdo aquel día. Recuerdo aquel ordenador, la pantalla de tubo, la cena en una bandeja, mi habitación... recuerdo a mi madre asomándose para darme las buenas noches. Los minutos previos a cumplir 30 años. 

Nunca pensé que alguien lo leería. Nunca llegué a imaginar que escribir en una pantalla blanca podría abrirme las puertas del mundo. Me han pasado tantas cosas gracias a este blog...

He tenido momentos mágicos y momentos pésimos. He ganado y he perdido. Descubrí conexiones que luego se olvidaron y tuve posibilidades que llegué a rozar con la punta de mis dedos. Algunos de los mejores momentos de todos estos años, los he vivido gracias a sentarme delante de un teclado y plasmar en palabras mis desordenados pensamientos.

Y de todo, de lo único que me arrepiento es de lo que no llegué a decir o lo que no llegué a demostrar.

A los que perdí: os echo tanto de menos, que no hay día que no me duela.

A los que gané: gracias por seguir sosteniéndome.

PD: Amicus Meus es la obra de Tomás Luis de Victoria que estaba estudiando para la coral el día que escribí mi primer comentario en un blog. La primera frase de esa obra dice:
Amicus meus osculi me tradidit signo.
Mi amigo me entregó con la señal de un beso.




23 oct 2013

Nubes

Hoy es uno de esos días en los que no me concentro. Lo intento, intento prestar atención a los mismos problemas que me plantean las mismas personas de siempre, intento escuchar sus historias contables: que si sus balances, sus declaraciones, sus estupideces… Pero no puedo, tengo un número metido en la mente. Dos dígitos son los que me impiden centrarme en el mundo real. Dos dígitos que me recuerdan las consecuencias que sobre el propio destino puede tener el miedo de los demás. Y siento que no debería estar aquí, que en alguna realidad paralela está mi verdadera vida, la que tendría que estar viviendo en este momento. Esa en la que las escaleras siempre llevan a las nubes.



29 jul 2013

No te olvides, me dices

Ya no duermo a tu lado. Hace meses que no te rodeo por la espalda y te cedo mi calor desde mi cama sin ti. Y, pese a todo, a veces, sólo a veces, te acercas hasta mis sueños, me acompañas unos pocos instantes, me abrazas y me recuerdas que me sigues queriendo…

Y aún te creo.




18 jul 2013

Perdible

Hay cosas que, no sabes por qué, pero recuerdas. Son esas que se te quedan prendidas del pensamiento y no se sueltan, como si vinieran de serie con uno de los imperdibles de tu madre.

Me gusta esa palabra… imperdible. Algo que utilizas para no perder cosas… Qué bueno sería tener imperdibles de personas, de momentos, de besos.

“Hola, buenos días. Quisiera una cajita de imperdibles de lágrimas. Estoy intentando no ir dejándolas por los rincones, ¿sabe?”

La próxima vez, si es que existe, si es que existes, haré exactamente lo mismo, paso por paso. Cumplí cada palabra que dije, y ésta fue una de ellas, nunca me arrepentiré. Tú te arrepientes tanto que te niegas lo que realmente pasó. Yo lo tengo cogido con un imperdible justo debajo de mi ombligo.

De momento necesito echar a andar unos minutos, a saltar incluso. Lo justo para ver si todo aquello que me diste se pierde por fin.