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11 ago 2016

De cuando éramos jóvenas y esbeltas

Muchas veces me pregunto cuál es la tecla que se marca en mi cerebro para obligarme a abrir una hoja en blanco y ponerme a escribir. Pueden pasar años sin una sola letra, y puedo llegar a tener tantas letras acumuladas que me pasaría el día escribiendo. Tanto tiempo desde que me conozco y todavía no sé cuál es ese “click” que inicia el despertar.

Hace días (¿meses?) estuve a un “tris” de ponerme. Aniversario del libro naranja, palabras que siguen resonando, blogs olvidados, blogs que continúan… Pero no lo hice. Me conformé con abrir el libro, el firmado por todas aquellas a las que conocí, leer las dedicatorias, abrir al azar alguna página, buscar las fotos de aquellos días, y sonreír. Éramos tan jóvenes… Alguna apenas llegaba a los 20, alguna despertaba en ese momento. Quién me iba a decir entonces que 10 años después pasaría una vez por semana por la puerta del restaurante donde cenamos ese día.

Hace días (¿meses?) leí a la detective, y la recordé sentada en la Fnac, leí a la niña nube, y la recordé volviendo de Madrid con Lambita, a la Editora y recordé su carrito lleno de libros. Recordé las presentaciones, el metro de Barcelona, sus calles, Madrid, el corrillo de blogueras fumando en la puerta del restaurante, Soria, las bombillas… Leí comentarios de las “blogueras antiguas” (como dice Elenita), de esas que me hacían permanecer delante del PC hasta las mil de la mañana leyendo, independientemente de si al día siguiente madrugaba o no. Recordé los “atracones” de blog cuando leía algo que me gustaba y no podía parar hasta que no leía todo. Recordé la casa de mis padres, los posts en mi antigua – antigua empresa, el Messenger, el emoticono del diablillo, los conciertos de Tiza.

Y sin embargo, hace días (¿meses? ¿en serio?) no encontré el momento. Pero lo encuentro ahora.


 


25 mar 2013

Hoy tengo ganas de contar historias


Tenía la edad de la inocencia, o quizá algo más, cuando le conocí. Su pelo era negro y ensortijado y, pese a la juventud, al mirarlo se sabía perfectamente que en poco tiempo dejaría de estar ahí. Su voz era grave, su espalda ancha y sus ojos sinceros. Siempre tenía una risa en la punta de la lengua y una palabra amable para quien quisiera escucharla. No sé cuándo me di cuenta de que le sentía distinto. No sé en qué momento empecé a imaginarme sus besos. Pero lo hice, y eso marcó un antes y un después.

Le convencí. A veces se me da muy bien. Le convencí de que, si no era la mujer de su vida, me acercaba bastante.

Nuestro primer beso fue en un compartimento del tren nocturno que nos llevaba de vuelta a casa. Sabía a chicle de hierbabuena y a verano. Después, las vacaciones impusieron su distancia, y yo intenté llenar los huecos con largas cartas que aún no sé si leería. Porque, queridos niños, entonces no existían los mails, ni los whatsapp, y todo sentimiento siempre llevaba un sello con tu ADN.

Después de una eternidad, volvimos a vernos en Septiembre. Y retomamos aquello que empezamos entonces. Pero la lluvia y el otoño sólo dan pie a la melancolía.

Recuerdo sus lágrimas. Su impotencia. Me dijo palabras que, por sinceras, no podían ser más horribles. Podría engañaros y decir que no recuerdo mayor dolor, pero no miento si os digo que fue el primer dolor de desengaño.

Tardé poco en perdonarle. Mucho más en olvidarle.


Todos los años, mientras los niños van cantando números y sale gente brindando y besando sus boletos, pienso en él, pienso que ya tendrá un año más, y recuerdo su olor, y la boca me sabe a hierbabuena.



18 ene 2013

Corriendo


Es uno de mis primeros recuerdos. Siempre me acercaba corriendo a aquella casa extraña, grande, recién salida de uno de mis cuentos. Saltaba la valla y miraba los pájaros. No me sabía ni la mitad de sus nombres, pero me daba igual. Los miraba unos minutos, me recreaba en aquellos que más me gustaban y después... ¡¡después corría!! El frío en la cara, en la boca, en los pulmones. Las hojas crujiendo bajo mis pies. El calor de la bufanda, el abrigo, las manoplas. Correr alrededor de la casa de los pájaros era lo único que merecía la pena en el mundo. Correr sin parar, sin pensar, sin motivo, sin descanso, para siempre.




26 jul 2007

Houdini

Había una niña intentando abrir el cerrojo. Llevaba una falda roja y su pelo rubio recogido en una coleta. Miles de niños se agolpaban alrededor… reunión de pastores… así que acabaron echando también el cerrojo de arriba. Cuando quieres hacer determinadas cosas tienes que aprender a estar solo…

Yo no quería estar allí. No sé por qué me habían llevado, pero no me gustaba. No era la primera vez, por eso sabía que los otros niños eran demasiado pequeños para mí. Yo ya era mayor, tenía casi 3 años, y a estos mocosos ni siquiera les gustaba pintar ¿a quién no le gusta pintar? ¿quién prefiere jugar con muñecas que pintar con pinturas de cera o hacer plastilina? No había quién les entendiera… yo quería estar en casa de mi abuela y subirme a la silla para colorear las fotos de los periódicos… quería esconderme detrás del sofá y que mi abuela me buscara… sacar las pesetas tan viejas que mi abuelo guardaba en ese cofre… ¿por qué mi hermano podía estar con ella mientras que a mí me tocaba quedarme en ese sitio?

Me aseguré que nadie miraba. Nadie estaba conmigo. Todos jugaban en la otra habitación. Cogí una silla, la puse al lado de la puerta, me subí en ella y quité el primer cerrojo. Luego llevé la silla a su sitio y quité el segundo. Toda la ciudad era mía…

Si encuentro los árboles llegaré a casa de mi abuela… los árboles están al lado, donde están los patos y la barca de la bruja… desde allí sé llegar perfectamente, he hecho el camino cientos de veces… eso sí, primero tengo que encontrar los árboles…





- ¿Es la comisaría de la División Azul?
- Sí, señora, aquí es, ¿qué desea?
- Busco a una niña pequeña, de unos 3 años… se llama Houdini.
- Una señora acaba de traer una niña que responde a ese nombre, se la ha encontrado cerca del parque y nos la ha traído inmediatamente.

Había pasado horas buscándola. Recorrió en coche toda la zona de la guardería intentando no pensar en lo cerca que estaba el río… una eternidad preguntando si alguien la había visto, llamando a las comisarías, a los hospitales… Ya habían pasado casi tres horas desde que se había ido y hasta ese momento nadie había sabido nada…

Por fin llegó, pero ya no estaba… era surrealista ver salir corriendo a todos los grises. Era surrealista pensar que una niña de dos años y medio había salido de la comisaría sin que nadie se diera cuenta…



- Tía, ¿por qué tienes dos cerrojos en esta puerta?
- Los puso tu tío por ti… anda que la manía que tenías de escaparte…

21 may 2007

Un manojillo de escarcha

Conduzco de vuelta a casa. Es de noche y no conozco la carretera. Voy sola. O quizá no tanto…

Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar.

Subo las cien mil escaleras de mi casa… deprisa como siempre, con la cabeza en otro pasillo, en otra escalera y en otra cama...

Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha.

Tomo despacio mi primer café del día. Hablo de cualquier chorrada con el camarero, hoy toca política, debe ser la semana… y mi cabeza sigue cantando…

Ay, mi amor, que me desvela la verdad.

Conduzco esta vez camino de algún cliente estúpido que me hará la vida imposible. Dejo el coche en el parking y mientras entro en las oficinas…

Entre tú y yo la soledad y un manojillo de escarcha.

Y esta noche llegaré a casa y cantaré por soleares. Hay canciones que se te clavan dentro y no quieren irse.

Lo cierto es que tampoco quiero que se vayan...


26 feb 2007

Una de gracias

Hoy no estoy filosófica, ni trascendental, ni melancólica, ni nada por el estilo… curioso, teniendo en cuenta que es febrero (voy a empezar a odiar este mes a muerte), que llevo un día de perros en la oficina (quedaría feo si apareciera en algún que otro proyecto con una recortada?), que el de telefónica se ha confundido de calle y no ha podido ponerme la línea (mi calle tiene tres letras y se han confundido en una… dios… qué cruz…), que es el cumpleaños de mi padre y sólo he podido darle un beso rápido según salía por la puerta, que he dormido de pena y, sobre todo, que me tiré la semana pasada mitad rayada por tonterías varias, mitad añorando… y aunque la rayada se la medio llevó el viento (¿alguna vez se las lleva del todo?) la añoranza sigue aquí, instalada a mi lado…

Y no, no estoy melancólica… ¿por qué?

  1. El viernes me llegó por fin la colonia que tanto había buscado… la que utilizaba y dejaron de hacer… nada más tenerla en mis manos me la eché y todo el mal rollo desapareció… ¡¡¡la aromaterapia funciona!!! En este momento tocaría dar las gracias a la persona que me ayudó a conseguirla, pero la última vez que lo intenté casi me muerde… prefiero conservar mi integridad física.
  2. He salido más este fin de semana que en el último mes… he bailado como una loca (literal… nada de figurado), he bebido (quizá algo más de lo que hubiera sido recomendable… pero ¿a que no se notó?), me he reído, me he divertido y he estado muy a gusto… a vosotros sí que os doy las gracias, que espero que me mordáis ;)
  3. Tengo una promesa guardada que vale por una deuda pendiente de saldar y, ¡coño!, ¡me apetece!
  4. Tengo un abrazo g-rande a la vista que seguro que recompondrá todos los pedazos.
  5. He reencontrado una parte de mí que había perdido por el camino… a partir de ahora espero no perderla de vista…

Tengo muchas cosas que agradecer, la verdad sea dicha. Y como sé que es algo que nunca hago, aunque debería (mea culpa), procedo: por escuchar, por leer, por estar, por hacerme reír, por hacerme llorar, por soportar mis buenos y malos momentos (no sé yo cuándo soy más pesada, si estando mal o estando bien…), por reflejarme, por volver, por revolver, por revolverme, por consolarme, por mantener el silencio, por mirarme, por abrazarme, por no hacerlo, por dejar que lo haga yo, por apoyarte, por dejar que me apoye, por dejar que me siente, por sonreírme, por soñarme, por dejar que te sueñe… Cada uno que recoja el suyo en recepción, son gratis.

29 ene 2007

Conectando con medio...

Me crié en un mundo donde todo estaba regido por un dios todopoderoso que me vendieron como cercano y amigo. Me contaron millones de historias que me hicieron fabricarme un dios a mi medida, un dios que decía cosas que luego nadie cumplía, y mucho menos aquellos que se suponía que debían hacerlo. Un dios que resultó que no se correspondía con la versión oficial. Más tarde descubrí que no sólo ellos hablaban, que había gente que también lo hacía, que también contaba sus propias historias, y empecé a leer. Leí mentiras, verdades, sueños y utopías. Leí todo lo que cayó en mis manos, y mi punto de vista empezó a cambiar…

Y hoy creo que la casualidad no existe. Que las personas importantes debían serlo, y que quizá yo lo intuí desde el primer momento… Porque, desde el mismo instante en el que te cruzas con unos ojos, a veces re-conoces. Incluso, en ocasiones, sin necesidad de cruzarte con ellos, la sola esencia te lo dice.

Y me gusta soñar y pensar que todo tiene un por qué. Me gusta imaginar que esas personas ya estuvieron a mi lado hace mucho tiempo, que por eso me resultan tan cercanas incluso en la distancia. Me gusta pensar que volverán a estar ahí en otros momentos, en millones de momentos. Y puede que no sea verdad… pero ¿por qué no puede serlo?

A veces simplemente, y sin saber por qué, conectas… y tu corazón, que es un híbrido extraño entre milagro biológico y pila recargable, consigue latir con más fuerza gracias al intercambio de energía…

Conectas… y tu horizonte se vuelve más grande. Porque mis conexiones despiertan mis verdades con sus preguntas, me hacen re-conocerme mientras las voy re-conociendo.

2 nov 2006

Y sin embargo...

El mundo me parecía un lugar tan frío y desolador que había huído. Establecí mi madriguera en algún lugar indeterminado de la península e intentaba enlazarme con el exterior sólo cuando el vacío podía conmigo. Pero ella no se resignó y decidió buscarme. Ajustó sus rayos X para no traspasar en demasía (para una primera vez no era cuestión de rascar demasiado hondo) y me localizó… Se coló por mi ventana como si llevara haciéndolo siglos (para ella las puertas carecen de función útil) y dedicó buena parte de su tiempo a observarme, a estudiar mis reacciones, a comprobar mis respuestas a sus preguntas. Se presentó con su capa y su antifaz, dispuesta a salvar al mundo, ocultando su verdadera identidad para que nadie pudiera desenmascarar su realidad. A cada pregunta que le hacía me sorprendía con quites extraordinarios basados en años de experiencia.

Tardé mucho en poder verla de Clark Kent. Se resistió hasta el final, y aún lo hace. Primero se quitó tímidamente la capa, otro día cambió las mallas por unos vaqueros, otro el antifaz por unas gafas.

Y cada vez que la veo sin su traje me maravillo. Porque se convierte en alguien real, en alguien perfecto sin artificios, en la persona que hay dentro de la máquina. Pero ella siempre se siente ridícula sin él, débil sin él, y en cuanto te descuidas busca una cabina para volver a calzarse su equipo completo, para volver a volar alrededor del mundo buscando problemas que resolver, para convertirse en la super-woman que a veces tanto la ahoga.

He puesto un gancho en la ventana. Espero que la próxima vez que venga a descansar en mi sofá se acuerde de dejar allí colgado el antifaz. Las gafas y el café ya los pongo yo.





De sobra sabes que eres la primera
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera
por ti mi vida entera...

24 oct 2006

Reunión familiar

Cuando me preguntaron cómo podía reconocerlas desde tan lejos sólo se me ocurrió pensar ¿cómo no voy a reconocer a mis hermanas? Las siento dentro, son parte de mí, porque las tres tenemos algo que nos une, más allá de los topos, las vergüenzas, las frikadas o las chungadas. Tres expresiones distintas de una misma esencia. Tres caminos distintos con tres historias parecidas, más puntos de encuentro que de divergencia.

Puede que nadie nos entienda más que nosotras mismas. Puede que al resto del universo todo esto le parezca una chorrada más, una invención más de un grupo de locas aburridas, pero cuando te has pasado la vida pensando que eres un bicho raro por ser como eres, cuando te has cansado de mirar a tu alrededor buscando una mirada que te diga sé lo que piensas, el reconocerte en unos ojos, el verte reflejada en dos espejos… me siento como si me hubiese tocado la lotería.

Mi hermana pequeña me pide que escriba, si ya es difícil describir una sensación ¿cómo puedo aventurarme a describir cientos? Estáis conmigo, y yo con vosotras. Os guardo dentro como el tesoro que sois.