Déjame invitarte a bailar un tango en la cocina. Déjame acunarte al ritmo que tarareemos para la ocasión. Déjame seducirte con paciencias, placeres, flores y letras, con aromas que te envuelvan y te aten a mi almohada. Déjame vigilar tu espalda por si me necesitas, sentarme a tu lado por si te hacen falta mis pies para agarrarte al suelo, ponerme delante por si sirvo de muro que contenga la tormenta. Déjame cuidarte todo el tiempo que tengamos reservado.
Vamos a bailar un tango en la cocina. Tú sólo tienes que apretarme fuerte y dejarte llevar. Tú sólo tienes que dejarte.