La vida da muchas vueltas, aunque sus círculos son tan
amplios que no te das cuenta de que estás en el punto de siempre hasta que no
es demasiado tarde. Tú caminas por lo que te parece algo totalmente nuevo,
diferente, sin darte cuenta de que es el mismo puto pasillo de tantas veces…
como si los dioses nos metieran en laberintos que no tuviéramos más remedio que recorrer por toda
la eternidad. ¿Dónde se puede comprar el hilo de Ariadna? Yo lo quiero verde
esperanza, aunque nunca me gustó demasiado el verde, creo que porque me
recuerda la fila de alumnas uniformadas de mi niñez.
A veces tengo tantas cosas que decir que no encuentro las
palabras, de ahí mis silencios de meses o años. Mis palabras son muy cabronas,
las da por instalarse en la boca del estómago y formar acumulaciones que me
impiden respirar y, en contadas ocasiones, hasta comer. Son embolias textuales
que me agarrotan. La cura es simple: dosis de monotonía aliñada con coma
inducido por series nocturnas. Pero no siempre funciona… cada vez tarda más en
funcionar.
Pero otras veces, mis palabras se repiten tanto que se
vuelven vergonzosas, pugnan por esconderse, por ocultar su verdadera naturaleza.
Mi mente lleva meses llena de palabras repetidas, y ya me aburro hasta yo.
Aburrida, así estoy. Aburrida de mí misma. Aburrida de las
cosas que no llegan y los momentos que se esfuman. Aburrida por falta de magia.
Porque yo también necesito la magia para vivir, aunque
hay quien llegó a pensar que la magia la fabricaba yo. Yo sólo la admiro, la
percibo, la siento y la canalizo… pero para que eso suceda, la magia debe
estar. Y últimamente la magia se la llevó el Minotauro.