Antes las navidades eran distintas. Recuerdo tener que poner dos mesas enormes para que entráramos todos, tres familias, siete niños, voces, risas, canciones, tonterías… vida, al fin y al cabo.
Estas han sido las navidades más escasas que he tenido nunca. Resulta que la gente crece, que la gente tiene pareja, que esa pareja tiene familia y que las cosas empiezan a cambiar. Y no digo que los cambios sean malos, simplemente son distintos, y eso, al principio, entristece. Y este es un principio de todo lo que vendrá después.
Normalmente, cuando filosofeo sobre estas cosas, todo el mundo me suele decir lo mismo: “Realmente no sabes qué pasará”, “Será para mejor”, “No sé por qué te pones así”…
Y los cambios nunca suelen ser a mejor… ni a peor… son a distinto y punto. En esta vida no hay nada nuevo, no existe nada que no haya pasado antes. No es necesario que te haya sucedido a ti, simplemente siempre ha estado ahí. Forma parte de la memoria colectiva, aparece en libros, en historias, y en ocasiones hasta en cuentos. Entra dentro de la naturaleza humana y no hace falta tener una bola de cristal para verlo.
No me resisto a los cambios, no me asustan los cambios… sólo es que, en ocasiones, no puedo evitar sentir la melancolía que me producirá pensar en lo que nunca volverá y siempre estará en mi memoria como algo quizá inmejorable.
Pero, aún así, hoy quiero brindar por los fantasmas… Por el fantasma de las Navidades pasadas, que siempre estará ahí, de las presentes, que podría esforzarse un poco más, y por el fantasma de las que vendrán, que espero traiga muchos más cambios… (a distinto, claro)
Ator, Ator Mutil. Villancico Vasco.