El gris era el color de la nada, y cuando aparecía, el gris absorbía
mis sentidos y me dejaba vacía de sensaciones. Antes el gris venía de
improviso, pero se iba pronto. Era como si una mano invisible, sin avisar, sin
esperarlo, dejara caer sobre mí un cubo de pintura.
Nunca pensé que estaría conmigo tanto tiempo y no me daría
cuenta de que estaba ahí.
Es ahora, viéndolo en la distancia, cuando me maldigo por no
percatarme de la fina capa que se posaba sobre mí día tras día. No me di cuenta
de que dejé de escuchar música. No me di cuenta de que dejé de cantar. No me di
cuenta de que dejé de sonreír por cualquier cosa.
Y cada noche intento frotar esta capa que me envuelve y no
acaba de irse. Y a veces lo consigo. Pero a veces no. And so it is.
