22 nov 2013

Normalmente

Normalmente no lo pienso. He continuado con mi vida, más o menos. Sigo trabajando, viajando, quedando con gente… con nueva gente incluso.

Normalmente no lo pienso. Pero, a veces, una tontería me trae de golpe un muro de recuerdos. Una foto tonta, sin ningún dato concreto, un parque infantil con columpios… Y, sin quererlo, viajo a todas las veces en las que me llamabas desde ese parque simplemente para oír mi voz. He recordado cuando llovía y te refugiabas bajo un toldo, cuando te acercabas al bar de la esquina a tomar café “conmigo”, o cuando me mandabas fotos de ese mismo parque cubierto de nieve.

Y aunque normalmente no lo pienso… cada uno de esos recuerdos que llegan de ninguna parte, me desangran.



24 oct 2013

Siguen quedando 40 minutos...

Hace 8 años, a esta misma hora, escribía mi cuarto post... Cómo pasa el tiempo, por dios.

Cierro los ojos y recuerdo aquel día. Recuerdo aquel ordenador, la pantalla de tubo, la cena en una bandeja, mi habitación... recuerdo a mi madre asomándose para darme las buenas noches. Los minutos previos a cumplir 30 años. 

Nunca pensé que alguien lo leería. Nunca llegué a imaginar que escribir en una pantalla blanca podría abrirme las puertas del mundo. Me han pasado tantas cosas gracias a este blog...

He tenido momentos mágicos y momentos pésimos. He ganado y he perdido. Descubrí conexiones que luego se olvidaron y tuve posibilidades que llegué a rozar con la punta de mis dedos. Algunos de los mejores momentos de todos estos años, los he vivido gracias a sentarme delante de un teclado y plasmar en palabras mis desordenados pensamientos.

Y de todo, de lo único que me arrepiento es de lo que no llegué a decir o lo que no llegué a demostrar.

A los que perdí: os echo tanto de menos, que no hay día que no me duela.

A los que gané: gracias por seguir sosteniéndome.

PD: Amicus Meus es la obra de Tomás Luis de Victoria que estaba estudiando para la coral el día que escribí mi primer comentario en un blog. La primera frase de esa obra dice:
Amicus meus osculi me tradidit signo.
Mi amigo me entregó con la señal de un beso.




23 oct 2013

Nubes

Hoy es uno de esos días en los que no me concentro. Lo intento, intento prestar atención a los mismos problemas que me plantean las mismas personas de siempre, intento escuchar sus historias contables: que si sus balances, sus declaraciones, sus estupideces… Pero no puedo, tengo un número metido en la mente. Dos dígitos son los que me impiden centrarme en el mundo real. Dos dígitos que me recuerdan las consecuencias que sobre el propio destino puede tener el miedo de los demás. Y siento que no debería estar aquí, que en alguna realidad paralela está mi verdadera vida, la que tendría que estar viviendo en este momento. Esa en la que las escaleras siempre llevan a las nubes.



29 jul 2013

No te olvides, me dices

Ya no duermo a tu lado. Hace meses que no te rodeo por la espalda y te cedo mi calor desde mi cama sin ti. Y, pese a todo, a veces, sólo a veces, te acercas hasta mis sueños, me acompañas unos pocos instantes, me abrazas y me recuerdas que me sigues queriendo…

Y aún te creo.




18 jul 2013

Perdible

Hay cosas que, no sabes por qué, pero recuerdas. Son esas que se te quedan prendidas del pensamiento y no se sueltan, como si vinieran de serie con uno de los imperdibles de tu madre.

Me gusta esa palabra… imperdible. Algo que utilizas para no perder cosas… Qué bueno sería tener imperdibles de personas, de momentos, de besos.

“Hola, buenos días. Quisiera una cajita de imperdibles de lágrimas. Estoy intentando no ir dejándolas por los rincones, ¿sabe?”

La próxima vez, si es que existe, si es que existes, haré exactamente lo mismo, paso por paso. Cumplí cada palabra que dije, y ésta fue una de ellas, nunca me arrepentiré. Tú te arrepientes tanto que te niegas lo que realmente pasó. Yo lo tengo cogido con un imperdible justo debajo de mi ombligo.

De momento necesito echar a andar unos minutos, a saltar incluso. Lo justo para ver si todo aquello que me diste se pierde por fin.




17 jun 2013

TU estrella

“Cuando veas una pequeña luz brillar, ¡síguela! Si te dirige al pantano, pues ya saldrás de él. Pero si no la sigues, toda tu vida vivirás arrepentido, porque nunca, nunca sabrás, si esa… era TU estrella”


“Es muy tú”, dijiste, y mientras leía la primera página sólo pude pensar: ojalá…

Ojalá pudiera ser tal cual me piensas, porque a veces creo que me ves mucho mejor de lo que realmente soy. Ojalá pudiera verme así algún día.

Y mientras doy vueltas por el pantano buscando esa pequeña luz que a cada paso está más difusa, me repito que no me arrepiento como un mantra. Sumo no-arrepentimientos, uno tras otro, sumo no-equivocaciones, sumo no-palabras y no-abrazos, no-sonrisas y no-lágrimas. Y durante un segundo maldigo las conexiones que me llevaron justo a este punto, esas conexiones que se crean sin esperar y desaparecen contra mi voluntad.

Pero sólo durante un segundo…

Luego recuerdo cada pequeño instante irrepetible. Cada nimiedad. Cada pequeño momento único con cada conexión única. Cuánto me gustaría ser como me sientes, y nunca dejar de reír al viento.



23 may 2013

M.D.


Al año de comprar mi casa, cuando ya la obra estaba terminada y los obreros se habían ido, me acerqué un día simplemente para estar allí, yo sola. Recorrí la cocina, el salón… y cuando fui a entrar en mi habitación me encontré allí la maleta. Era negra, de las de antes, de las que parecen recién salidas de una película de Paco Martínez Soria. La miré. Estaba exactamente igual que la última vez que la había visto. Siempre llena de tornillos y clavos. Pero ya no estaba en la galería de la casa de mis padres, estaba allí, en mi casa. La puse con cuidado sobre una caja, acaricié sus iniciales doradas y la abrí. Destornilladores, martillo, gubias, alicates… hasta un detector de metales de esos que se utilizan para saber si puedes taladrar o no… Todo allí dentro, sin orden.

En aquel momento no le di importancia.

Hoy me lo imagino seleccionando entre sus herramientas aquellas que me podrían hacer falta. Cogiendo este destornillador que es más grande, con este de estrella, este pequeñito por si acaso… Una a una, todas esas cosas que habían estado en sus cajones las fue metiendo en la maleta que una vez fue de mi abuelo. Salió de su casa, vino a la mía, subió esas escaleras que ya no volverá a subir y la dejó en mi habitación.

Hoy esa maleta la valoro más que a nada. Siempre será el único regalo que me hizo mi padre.


23 abr 2013

Pero dime ven


Acabo de terminar un libro que empecé ayer. Un libro que, aunque me llamó la atención la primera vez que lo vi, no quise leerme.

Pero entonces él, mi compañero, mi amigo, el que sabe mucho más de todo que yo (salvo de la vida), me dijo que le había gustado (¡Oh! ¡Sorpresa! ¡Él leyendo estas cosas!). Dijo que el autor parecía que sólo escribía para contar su filosofía de la vida, y sobre ella, montaba una historia. Que no conocía a nadie que escribiera así salvo Milan Kundera. Esa comparación picó mi curiosidad…

No diré que se ha convertido en uno de mis libros favoritos, porque no sería verdad. Tampoco diré que tiene una historia increíble. Pero me ha dado una gran verdad, y eso sí que se lo agradezco, y eso sí que creo que merece ser contado:

“Querer es siempre más valioso que que te quieran. Querer mueve y detiene mundos. Que te quieran si tú no quieres, te acaba aletargando.”
 Albert Espinosa, “Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven”.

Así que he terminado de leerlo, en esa terraza que atesora tantos recuerdos. Me he montado en mi coche, he vuelto a mi casa para escribir esto, a ver si la magia del blog hace que no lo olvide, y he escuchado una y otra vez la canción que últimamente hace que mi vida se levante y grite.

Feliç Sant Jordi.



18 abr 2013

El más veloz


Es curioso cómo, a veces, la música te evoca sensaciones o personas. Es curioso cómo las canciones vuelven, se reinventan, dejan de guardar su significado original para pasar a formar tu propio significado.

Si busco conexiones en mi vida, siempre han estado ahí gracias a la música. Las conexiones son poderosas, pero las señales que te hacen activar esas conexiones, quieras o no quieras, son más poderosas aún. Son instantes que no se llegan a olvidar porque siempre formarán parte de las no-casualidades de tu vida. Porque, por mucho que intenten convencernos, las no-casualidades existen.

Las no-casualidades hicieron que te encontrara, hoy hacen que sepa que tengo que empezar a olvidarte.

Hace tiempo me enviaste una canción porque te recordaba a alguien, alguien que no era yo. Hoy esa canción me recuerda a ti, aunque nunca pensé que llegara a hacerlo.


8 abr 2013

O vos omnes


A veces quiero que me leas la mente. Que entres dentro de mí, como siempre, y desgranes mi pensamiento. Otras veces me conformo con que te sientes frente a mí, separadas sólo por un café y el humo de un cigarro, y me sonrías. Las más de las veces, simplemente, lo quiero todo.

¿Qué escuchas si cierras los ojos? ¿Qué canción te ronda hoy?





O Vos Omnes, Pau Casals.
O vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte: Si est dolor sicut dolor meus.


25 mar 2013

Hoy tengo ganas de contar historias


Tenía la edad de la inocencia, o quizá algo más, cuando le conocí. Su pelo era negro y ensortijado y, pese a la juventud, al mirarlo se sabía perfectamente que en poco tiempo dejaría de estar ahí. Su voz era grave, su espalda ancha y sus ojos sinceros. Siempre tenía una risa en la punta de la lengua y una palabra amable para quien quisiera escucharla. No sé cuándo me di cuenta de que le sentía distinto. No sé en qué momento empecé a imaginarme sus besos. Pero lo hice, y eso marcó un antes y un después.

Le convencí. A veces se me da muy bien. Le convencí de que, si no era la mujer de su vida, me acercaba bastante.

Nuestro primer beso fue en un compartimento del tren nocturno que nos llevaba de vuelta a casa. Sabía a chicle de hierbabuena y a verano. Después, las vacaciones impusieron su distancia, y yo intenté llenar los huecos con largas cartas que aún no sé si leería. Porque, queridos niños, entonces no existían los mails, ni los whatsapp, y todo sentimiento siempre llevaba un sello con tu ADN.

Después de una eternidad, volvimos a vernos en Septiembre. Y retomamos aquello que empezamos entonces. Pero la lluvia y el otoño sólo dan pie a la melancolía.

Recuerdo sus lágrimas. Su impotencia. Me dijo palabras que, por sinceras, no podían ser más horribles. Podría engañaros y decir que no recuerdo mayor dolor, pero no miento si os digo que fue el primer dolor de desengaño.

Tardé poco en perdonarle. Mucho más en olvidarle.


Todos los años, mientras los niños van cantando números y sale gente brindando y besando sus boletos, pienso en él, pienso que ya tendrá un año más, y recuerdo su olor, y la boca me sabe a hierbabuena.



20 mar 2013

Te canté


Me miraste y me pediste que te cantara, que te cantara aquella canción de la que ya habías olvidado la letra.

Cerré los ojos y recordé aquellos días donde mi vida giraba a tu alrededor. A mi mente vino tu cuerpo a mi lado, mis brazos rodeándote. Y te canté. Te canté quedo, como entonces, cuando no te dormías hasta que no te cantaba al oído. Cuando no te dormías hasta que mi voz no alejaba tus fantasmas.




14 mar 2013

Cuéntame un cuento


Me costaba dormir. Daba vueltas y más vueltas en esa cama demasiado grande y demasiado fría. A ratos me faltaba tanto el aire que tuve que levantarme a deambular por mi casa a oscuras. Me senté en mi sofá y me encendí un cigarrillo, uno de esos cigarrillos de desvelo que tanto me calman. Casi las dos de la mañana y al día siguiente el despertador no perdonaría. Miraba al infinito, sin pensar, sin sentir, simplemente inhalando y exhalando el humo. Y mi mente se llenó de mil imágenes en penumbra. Y la poca claridad que entraba por mis persianas, casi siempre bajadas, me devolvió ecos que no consigo olvidar. Ecos de palabras escritas y hechizos.

Y me volví a la cama y me conté historias. Y empecé un cuento para el que no encuentro aún un final perfecto, un cuento sobre castillos rodeados de espino, y meigas que intentan salvar miedos.

Me dormí en un momento.




27 feb 2013

13:48


Es curioso cómo un simple mensaje de una compañía telefónica puede ponerte un nudo en la garganta. Es un mensaje rutinario que escribe una máquina y, sin embargo, tiene tanto significado para mí como podrían tener miles de horas de conversación.

Y ya está. Definitivamente ya está. A las 13:48 del 27/02/13.

E intento mantener una cara totalmente profesional porque estoy en el trabajo, mientras por dentro lloro. Lloro por los tangos, los solsticios, las palomas blancas y todo eso que viví y que no recuerdo, porque la memoria es traicionera. Y lloro por todas esas cosas que siempre estarán conmigo y todas las que se fueron, y por echarte de menos, y por echarte de más. Lloro por lo que nunca te dije, y por todo lo que dije y no sentía realmente. Por las veces que no te di lo suficiente y por las que te di demasiado, que fueron pocas. Y por impotencia, por cariño, por tristeza, por añoranza… y por tantas cosas que intento no pensar.

Y ya está. Ya no hay más.

¿Y ahora qué?



26 feb 2013

Mentalmente


Ayer estuve todo el día escuchando la misma canción. Daba igual que tuviera los cascos puestos o no, daba igual que estuviera en el coche con la radio, o por la calle hablando por teléfono, o en el supermercado comprando leche, o en mi sofá viendo cualquier tontería. En mi mente se repetía la misma canción una y otra vez.

Y es que tranquilamente dejo mi puerta abierta, y será lo que tenga que ser.



21 feb 2013

A pinceladas



A veces sólo es necesario un pequeño detalle para que tu vida empiece a recuperar, poco a poco, los colores. En mi caso, ha empezado por una pincelada de azul.

¿No es genial a veces la vida?



15 feb 2013

Compás de espera


La vida no es más que un conjunto de esperas. Cuando eres pequeño esperas cosas pequeñas, que lleguen las vacaciones, el día de Reyes, que tu madre te deje gastarte la paga en el kiosko, que la profesora odiosa se haya puesto enferma, que te elijan de los primeros en puntos…

Cuando vas creciendo, las esperas se van haciendo más duras, más dolorosas. A medida que los años pasan, te vas llenando de más incertidumbres que hacen que la boca del estómago se vaya cerrando cada vez más. Esperas un reconocimiento en el trabajo, o un trabajo que te haga poder pagar las facturas. Esperas que todo el mundo a tu alrededor tenga salud y sea eterno, esperas que no cambie nada, que las personas a las que quieres sigan estando ahí, a tu lado, siempre. Esperas que te quieran, esperas ser especial, único.

¿Qué se esperará cuando tienes 70 años? ¿Qué esperas mantendrán nuestras vidas?

Si nos fijamos bien, esperar es lo único que hacemos, lo único que llena nuestros días y nuestras noches.




13 feb 2013

Con mis sueños


Tengo retazos de sensaciones colgando de mi mente, momentos desdibujados que me impiden distinguir los sueños de la realidad.

Recuerdo mil pequeños detalles que me parecen tan imposibles que me hacen dudar de si fueron ciertos. Recuerdo canciones mezcladas con sillas vacías y sonrisas al verme. Recuerdo palabras hechas de silencios y noches en vela. Recuerdo el cosquilleo en la yema de mis dedos que me dice que todo tiene sentido. Recuerdo temblores que dejan en mi boca sabor a suspiro.

Y cada noche me meto en la cama, apago la luz, cierro los ojos y sé que todo está ahí, tal y como lo dejé la última vez que me dormí en tus brazos.




8 feb 2013

Somebody I used to know


La paciencia no estaba en mí. No nací cargada con reservas ilimitadas. La paciencia se fue creando durante años, años que ya no son pocos. Se fue creando con las personas que me fui encontrando por el camino, las situaciones que me rodearon y los momentos que viví.

Hoy mi paciencia puede llegar a ser infinita, aunque poca gente lo crea. Hoy mi paciencia se estira como un chicle, me rodea y a veces me calma.

Pero en ocasiones, cuando menos me lo espero, me doy cuenta de que no está, de que se ha ido. Y la busco, y me sorprendo, y me maldigo. Pero sigo sin dar con ella.

Entones me lleno de frustración y desesperación, porque quisiera tener esa reserva que me hace ser mejor persona, que me hace controlar la impulsividad con la que crecí.




31 ene 2013

Distancia


El gris era el color de la nada, y cuando aparecía, el gris absorbía mis sentidos y me dejaba vacía de sensaciones. Antes el gris venía de improviso, pero se iba pronto. Era como si una mano invisible, sin avisar, sin esperarlo, dejara caer sobre mí un cubo de pintura.

Nunca pensé que estaría conmigo tanto tiempo y no me daría cuenta de que estaba ahí.

Es ahora, viéndolo en la distancia, cuando me maldigo por no percatarme de la fina capa que se posaba sobre mí día tras día. No me di cuenta de que dejé de escuchar música. No me di cuenta de que dejé de cantar. No me di cuenta de que dejé de sonreír por cualquier cosa.

Y cada noche intento frotar esta capa que me envuelve y no acaba de irse. Y a veces lo consigo. Pero a veces no. And so it is.



18 ene 2013

Corriendo


Es uno de mis primeros recuerdos. Siempre me acercaba corriendo a aquella casa extraña, grande, recién salida de uno de mis cuentos. Saltaba la valla y miraba los pájaros. No me sabía ni la mitad de sus nombres, pero me daba igual. Los miraba unos minutos, me recreaba en aquellos que más me gustaban y después... ¡¡después corría!! El frío en la cara, en la boca, en los pulmones. Las hojas crujiendo bajo mis pies. El calor de la bufanda, el abrigo, las manoplas. Correr alrededor de la casa de los pájaros era lo único que merecía la pena en el mundo. Correr sin parar, sin pensar, sin motivo, sin descanso, para siempre.




17 ene 2013

Mañana

Lo bueno de tener un blog muerto es que, al cabo de dos años, ya nadie entra por aquí. Lo bueno de no actualizar nunca es que un día, cuando lo necesitas, la vía de escape que tenías hace tantos años, sigue esperándote.

Cada día tengo una nueva razón para estar triste, y una nueva para sonreír. Cada día me encuentro más sola y más acompañada al mismo tiempo. Pasan los años y descubro sonrisas nuevas, mientras que otras tengo que mantenerlas en el mundo de lo que un día fue y ya nunca volverá.

Tengo miradas en mi recuerdo, miradas que nacieron solo para mí. Tengo palabras que aparecen cuando las necesito, y pensamientos que siempre van camino de mi casa. Tengo muchas cosas, incluso vacíos que nunca se llenarán y palabras no dichas. Pero desde hace tiempo no tenía sensaciones. Se me escurrieron entre los dedos igual que se me escurrió el tiempo.

Y cierro con cuidado la puerta, mientras intento mantener la ventana abierta. Pero veo los nubarrones al fondo, y no sé si llegará la tormenta y tendré que cerrarla hasta que escampe. Y las nubes me dan miedo. Porque las chungas a veces también tenemos miedo, lo único que nos diferencia de los demás es que sabemos esconderlo mejor.

Pero cierro los ojos y veo mi colección de sonrisas, y miradas, y pensamientos… y me canto mentalmente sin embargos mezclados con lucías, cantos en los dientes y no puedo estar sin ti, y la angustia abandona mi casa por un segundo.