Ya no duermo a tu lado. Hace meses que no te rodeo por la
espalda y te cedo mi calor desde mi cama sin ti. Y, pese a todo, a veces, sólo
a veces, te acercas hasta mis sueños, me acompañas unos pocos instantes, me abrazas
y me recuerdas que me sigues queriendo…
Hay cosas que, no sabes por qué, pero
recuerdas. Son esas que se te quedan prendidas del pensamiento y no se sueltan,
como si vinieran de serie con uno de los imperdibles de tu madre.
Me gusta esa palabra… imperdible. Algo que
utilizas para no perder cosas… Qué bueno sería tener imperdibles de personas,
de momentos, de besos.
“Hola, buenos días. Quisiera una cajita de
imperdibles de lágrimas. Estoy intentando no ir dejándolas por los rincones,
¿sabe?”
La próxima vez, si es que existe, si es que
existes, haré exactamente lo mismo, paso por paso. Cumplí cada palabra que
dije, y ésta fue una de ellas, nunca me arrepentiré. Tú te arrepientes tanto
que te niegas lo que realmente pasó. Yo lo tengo cogido con un imperdible justo
debajo de mi ombligo.
De momento necesito echar
a andar unos minutos, a saltar incluso. Lo justo para ver si todo aquello que me diste se
pierde por fin.