18 abr 2013

El más veloz


Es curioso cómo, a veces, la música te evoca sensaciones o personas. Es curioso cómo las canciones vuelven, se reinventan, dejan de guardar su significado original para pasar a formar tu propio significado.

Si busco conexiones en mi vida, siempre han estado ahí gracias a la música. Las conexiones son poderosas, pero las señales que te hacen activar esas conexiones, quieras o no quieras, son más poderosas aún. Son instantes que no se llegan a olvidar porque siempre formarán parte de las no-casualidades de tu vida. Porque, por mucho que intenten convencernos, las no-casualidades existen.

Las no-casualidades hicieron que te encontrara, hoy hacen que sepa que tengo que empezar a olvidarte.

Hace tiempo me enviaste una canción porque te recordaba a alguien, alguien que no era yo. Hoy esa canción me recuerda a ti, aunque nunca pensé que llegara a hacerlo.


8 abr 2013

O vos omnes


A veces quiero que me leas la mente. Que entres dentro de mí, como siempre, y desgranes mi pensamiento. Otras veces me conformo con que te sientes frente a mí, separadas sólo por un café y el humo de un cigarro, y me sonrías. Las más de las veces, simplemente, lo quiero todo.

¿Qué escuchas si cierras los ojos? ¿Qué canción te ronda hoy?





O Vos Omnes, Pau Casals.
O vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte: Si est dolor sicut dolor meus.


25 mar 2013

Hoy tengo ganas de contar historias


Tenía la edad de la inocencia, o quizá algo más, cuando le conocí. Su pelo era negro y ensortijado y, pese a la juventud, al mirarlo se sabía perfectamente que en poco tiempo dejaría de estar ahí. Su voz era grave, su espalda ancha y sus ojos sinceros. Siempre tenía una risa en la punta de la lengua y una palabra amable para quien quisiera escucharla. No sé cuándo me di cuenta de que le sentía distinto. No sé en qué momento empecé a imaginarme sus besos. Pero lo hice, y eso marcó un antes y un después.

Le convencí. A veces se me da muy bien. Le convencí de que, si no era la mujer de su vida, me acercaba bastante.

Nuestro primer beso fue en un compartimento del tren nocturno que nos llevaba de vuelta a casa. Sabía a chicle de hierbabuena y a verano. Después, las vacaciones impusieron su distancia, y yo intenté llenar los huecos con largas cartas que aún no sé si leería. Porque, queridos niños, entonces no existían los mails, ni los whatsapp, y todo sentimiento siempre llevaba un sello con tu ADN.

Después de una eternidad, volvimos a vernos en Septiembre. Y retomamos aquello que empezamos entonces. Pero la lluvia y el otoño sólo dan pie a la melancolía.

Recuerdo sus lágrimas. Su impotencia. Me dijo palabras que, por sinceras, no podían ser más horribles. Podría engañaros y decir que no recuerdo mayor dolor, pero no miento si os digo que fue el primer dolor de desengaño.

Tardé poco en perdonarle. Mucho más en olvidarle.


Todos los años, mientras los niños van cantando números y sale gente brindando y besando sus boletos, pienso en él, pienso que ya tendrá un año más, y recuerdo su olor, y la boca me sabe a hierbabuena.



20 mar 2013

Te canté


Me miraste y me pediste que te cantara, que te cantara aquella canción de la que ya habías olvidado la letra.

Cerré los ojos y recordé aquellos días donde mi vida giraba a tu alrededor. A mi mente vino tu cuerpo a mi lado, mis brazos rodeándote. Y te canté. Te canté quedo, como entonces, cuando no te dormías hasta que no te cantaba al oído. Cuando no te dormías hasta que mi voz no alejaba tus fantasmas.




14 mar 2013

Cuéntame un cuento


Me costaba dormir. Daba vueltas y más vueltas en esa cama demasiado grande y demasiado fría. A ratos me faltaba tanto el aire que tuve que levantarme a deambular por mi casa a oscuras. Me senté en mi sofá y me encendí un cigarrillo, uno de esos cigarrillos de desvelo que tanto me calman. Casi las dos de la mañana y al día siguiente el despertador no perdonaría. Miraba al infinito, sin pensar, sin sentir, simplemente inhalando y exhalando el humo. Y mi mente se llenó de mil imágenes en penumbra. Y la poca claridad que entraba por mis persianas, casi siempre bajadas, me devolvió ecos que no consigo olvidar. Ecos de palabras escritas y hechizos.

Y me volví a la cama y me conté historias. Y empecé un cuento para el que no encuentro aún un final perfecto, un cuento sobre castillos rodeados de espino, y meigas que intentan salvar miedos.

Me dormí en un momento.




27 feb 2013

13:48


Es curioso cómo un simple mensaje de una compañía telefónica puede ponerte un nudo en la garganta. Es un mensaje rutinario que escribe una máquina y, sin embargo, tiene tanto significado para mí como podrían tener miles de horas de conversación.

Y ya está. Definitivamente ya está. A las 13:48 del 27/02/13.

E intento mantener una cara totalmente profesional porque estoy en el trabajo, mientras por dentro lloro. Lloro por los tangos, los solsticios, las palomas blancas y todo eso que viví y que no recuerdo, porque la memoria es traicionera. Y lloro por todas esas cosas que siempre estarán conmigo y todas las que se fueron, y por echarte de menos, y por echarte de más. Lloro por lo que nunca te dije, y por todo lo que dije y no sentía realmente. Por las veces que no te di lo suficiente y por las que te di demasiado, que fueron pocas. Y por impotencia, por cariño, por tristeza, por añoranza… y por tantas cosas que intento no pensar.

Y ya está. Ya no hay más.

¿Y ahora qué?



26 feb 2013

Mentalmente


Ayer estuve todo el día escuchando la misma canción. Daba igual que tuviera los cascos puestos o no, daba igual que estuviera en el coche con la radio, o por la calle hablando por teléfono, o en el supermercado comprando leche, o en mi sofá viendo cualquier tontería. En mi mente se repetía la misma canción una y otra vez.

Y es que tranquilamente dejo mi puerta abierta, y será lo que tenga que ser.



21 feb 2013

A pinceladas



A veces sólo es necesario un pequeño detalle para que tu vida empiece a recuperar, poco a poco, los colores. En mi caso, ha empezado por una pincelada de azul.

¿No es genial a veces la vida?



15 feb 2013

Compás de espera


La vida no es más que un conjunto de esperas. Cuando eres pequeño esperas cosas pequeñas, que lleguen las vacaciones, el día de Reyes, que tu madre te deje gastarte la paga en el kiosko, que la profesora odiosa se haya puesto enferma, que te elijan de los primeros en puntos…

Cuando vas creciendo, las esperas se van haciendo más duras, más dolorosas. A medida que los años pasan, te vas llenando de más incertidumbres que hacen que la boca del estómago se vaya cerrando cada vez más. Esperas un reconocimiento en el trabajo, o un trabajo que te haga poder pagar las facturas. Esperas que todo el mundo a tu alrededor tenga salud y sea eterno, esperas que no cambie nada, que las personas a las que quieres sigan estando ahí, a tu lado, siempre. Esperas que te quieran, esperas ser especial, único.

¿Qué se esperará cuando tienes 70 años? ¿Qué esperas mantendrán nuestras vidas?

Si nos fijamos bien, esperar es lo único que hacemos, lo único que llena nuestros días y nuestras noches.




13 feb 2013

Con mis sueños


Tengo retazos de sensaciones colgando de mi mente, momentos desdibujados que me impiden distinguir los sueños de la realidad.

Recuerdo mil pequeños detalles que me parecen tan imposibles que me hacen dudar de si fueron ciertos. Recuerdo canciones mezcladas con sillas vacías y sonrisas al verme. Recuerdo palabras hechas de silencios y noches en vela. Recuerdo el cosquilleo en la yema de mis dedos que me dice que todo tiene sentido. Recuerdo temblores que dejan en mi boca sabor a suspiro.

Y cada noche me meto en la cama, apago la luz, cierro los ojos y sé que todo está ahí, tal y como lo dejé la última vez que me dormí en tus brazos.




8 feb 2013

Somebody I used to know


La paciencia no estaba en mí. No nací cargada con reservas ilimitadas. La paciencia se fue creando durante años, años que ya no son pocos. Se fue creando con las personas que me fui encontrando por el camino, las situaciones que me rodearon y los momentos que viví.

Hoy mi paciencia puede llegar a ser infinita, aunque poca gente lo crea. Hoy mi paciencia se estira como un chicle, me rodea y a veces me calma.

Pero en ocasiones, cuando menos me lo espero, me doy cuenta de que no está, de que se ha ido. Y la busco, y me sorprendo, y me maldigo. Pero sigo sin dar con ella.

Entones me lleno de frustración y desesperación, porque quisiera tener esa reserva que me hace ser mejor persona, que me hace controlar la impulsividad con la que crecí.




31 ene 2013

Distancia


El gris era el color de la nada, y cuando aparecía, el gris absorbía mis sentidos y me dejaba vacía de sensaciones. Antes el gris venía de improviso, pero se iba pronto. Era como si una mano invisible, sin avisar, sin esperarlo, dejara caer sobre mí un cubo de pintura.

Nunca pensé que estaría conmigo tanto tiempo y no me daría cuenta de que estaba ahí.

Es ahora, viéndolo en la distancia, cuando me maldigo por no percatarme de la fina capa que se posaba sobre mí día tras día. No me di cuenta de que dejé de escuchar música. No me di cuenta de que dejé de cantar. No me di cuenta de que dejé de sonreír por cualquier cosa.

Y cada noche intento frotar esta capa que me envuelve y no acaba de irse. Y a veces lo consigo. Pero a veces no. And so it is.



18 ene 2013

Corriendo


Es uno de mis primeros recuerdos. Siempre me acercaba corriendo a aquella casa extraña, grande, recién salida de uno de mis cuentos. Saltaba la valla y miraba los pájaros. No me sabía ni la mitad de sus nombres, pero me daba igual. Los miraba unos minutos, me recreaba en aquellos que más me gustaban y después... ¡¡después corría!! El frío en la cara, en la boca, en los pulmones. Las hojas crujiendo bajo mis pies. El calor de la bufanda, el abrigo, las manoplas. Correr alrededor de la casa de los pájaros era lo único que merecía la pena en el mundo. Correr sin parar, sin pensar, sin motivo, sin descanso, para siempre.




17 ene 2013

Mañana

Lo bueno de tener un blog muerto es que, al cabo de dos años, ya nadie entra por aquí. Lo bueno de no actualizar nunca es que un día, cuando lo necesitas, la vía de escape que tenías hace tantos años, sigue esperándote.

Cada día tengo una nueva razón para estar triste, y una nueva para sonreír. Cada día me encuentro más sola y más acompañada al mismo tiempo. Pasan los años y descubro sonrisas nuevas, mientras que otras tengo que mantenerlas en el mundo de lo que un día fue y ya nunca volverá.

Tengo miradas en mi recuerdo, miradas que nacieron solo para mí. Tengo palabras que aparecen cuando las necesito, y pensamientos que siempre van camino de mi casa. Tengo muchas cosas, incluso vacíos que nunca se llenarán y palabras no dichas. Pero desde hace tiempo no tenía sensaciones. Se me escurrieron entre los dedos igual que se me escurrió el tiempo.

Y cierro con cuidado la puerta, mientras intento mantener la ventana abierta. Pero veo los nubarrones al fondo, y no sé si llegará la tormenta y tendré que cerrarla hasta que escampe. Y las nubes me dan miedo. Porque las chungas a veces también tenemos miedo, lo único que nos diferencia de los demás es que sabemos esconderlo mejor.

Pero cierro los ojos y veo mi colección de sonrisas, y miradas, y pensamientos… y me canto mentalmente sin embargos mezclados con lucías, cantos en los dientes y no puedo estar sin ti, y la angustia abandona mi casa por un segundo.



17 oct 2010

Sin novedades en el frente

El otro día quedé con la gente con la que estudié hace… ¿10 años ya? Dos de las chicas están embarazadas y otra de ellas nos contó que se casa, así que, sin poder evitarlo, una de mis amigas se volvió y me preguntó: “¿y tú qué? ¿no tienes nada que contar?”.

Hoy me llamó una amiga con la que hacía meses que no hablaba. Ha aprobado unas oposiciones y al final de la conversación llegó la fatídica pregunta:
- “¿Y tú qué?”
- “Yo… igual que siempre, no tengo nada que contar.”

Y lo cierto es que no, no tengo “nada que contar”. Pasan los días y todo es más o menos igual: me levanto, trabajo (a veces más, a veces menos), como, trabajo, salgo a tomar algo o a comprar, vuelvo a casa, mi bola de pelo blanco se planta en mi regazo y fin del día. Los fines de semana voy o vienen, salimos a cenar, a tomar algo, hablamos de todo, reímos, dormimos juntas y el domingo o el lunes por la mañana, nos separamos hasta el viernes siguiente. Y así un día, y otro, y un mes, y un año… y ya van casi cuatro.

Y no, no tengo “nada que contar”. A veces me siento un poco mal por no tener ningún “meganoticióndelsiglo”, ninguna novedad impactante de estas que le gustan a la gente:
“¿Y no habéis pensado en vivir juntas?”
“¿Y no os vais a casar?”
“¿Y no queréis tener hijos?”

¿Por qué todo el mundo hace las mismas preguntas? ¿Es que acaso no estamos “completas” si no hacemos ninguna de esas tres cosas? ¿Y después qué? ¿Se acabaron las novedades otra vez y nos tenemos que inventar alguna?

Noto la sorpresa en los ojos después de mis respuestas a cada pregunta. Y no lo entiendo. No entiendo cómo hemos llegado al punto en el que todo el mundo piensa que hay que seguir una serie de reglas, que hay que hacer una serie de cosas a unas ciertas edades. Ya de entrada, mi pareja no es convencional, es una mujer, igual que yo, ¿por qué entonces debemos seguir la convencionalidad del resto de la sociedad casándonos, teniendo hijos, casa, perro y jardín? ¿Por qué si no contamos algo así no hay nada?

¿Y qué pasa con lo realmente importante? Con lo importante de verdad. Qué pasa con los buenos momentos con los amigos, con las miradas de “no me digas más, sé lo que piensas”, con los besos de buenas noches, con los cafés y las cenas. Qué pasa con tus sonrisas por la mañana, con los desayunos de tostadas con tomate y aceitito rico, con las onomatopeyas, con los cafés del Starbucks, con las bromas privadas (las de dos, como en la canción), con los bailes en la cocina, con los planos de casas nuevas, con los viajes por media España (y lo que te rondaré, morena), con los ataques de risa que no podemos parar, con las pelis con sofá, manta y gato, con tu calor cada noche (estés o no estés).

Qué pasa con aquello que no se puede contar y que realmente da la felicidad.

Voy a cumplir 35 años en unos días. Viviremos juntas cuando podamos, no queremos tener hijos y no nos casaremos (aunque estoy intentando convencerla de que Las Vegas sería divertido). Puede que parezca que no tengo nada que contar, pero si empezara no pararía.

Es sencillo, creo.


9 nov 2009

Enanos en crecimiento




Nunca nos hemos llevado especialmente bien... pero no te vayas.

15 may 2009

Superhéroe


En el cerebro existe un grupo de células nerviosas encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial para el control de los movimientos y la transmisión del impulso nervioso. Estas neuronas se agrupan en una estructura denominada sustancia negra -por tener un color oscuro en los cadáveres-, que se sitúa en los ganglios basales.

Las neuronas de la sustancia negra de los sujetos con esta enfermedad, mueren antes de tiempo sin ser sustituidas por otras nuevas. Cuando desaparece el 50 ó 60% de estas células de esta zona comienzan a hacerse evidentes los primeros síntomas: temblores, rigidez o dificultad para la marcha o el mantenimiento de la postura.





Y yo que siempre pensé que eras el más fuerte...




8 may 2009

Vuela esta canción

Aunque no lo creas, pienso en ti...

5 may 2009

Shhhh

La distancia siempre es relativa. Puedes estar a diez mil kilómetros y sentirte a mi lado. Puedes estar frente a mí y notarte a años luz. La distancia no debería medirse en algo tan tangible como una vara conservada en un museo. La distancia no tiene nada que ver con números sino con sensaciones. Debería medirse con palabras no dichas, preguntas no hechas o abrazos no dados. Debería medirse por silencios, por tristezas, por angustias. Por detalles no recibidos, por esperas, por desilusiones. Suspiros, lágrimas, añoranzas.

Todo sería más fácil si pudiéramos medir las distancias que realmente importan. Imagínate que se pudiera tener un aparato con el cual pudiéramos saber cuántas no-palabras, no-preguntas y no-abrazos nos separan de alguien a quién queremos. Imagínate que pudiera meter tu nombre y me dijera que me faltan exactamente cuatro silencios para perderte definitivamente.




Pero no existe… ¿Cuántos silencios me quedarán? ¿Cuántos abrazos frustrados? ¿Cuántas cobardías?

El no saberlo me ata.

19 dic 2008

Te regalo

Sé que te gustaría que fuera más expresiva. Sé que a veces, en días como hoy, lo necesitas... pero es que yo, para expresarme, sólo tengo la música... ¿Bailas?